Resumen de la presentación de Ana Da Costa

El libro es una larga entrevista de la periodista Ana Da Costa a Héctor Tizón (1929), el gran novelista y cuentista argentino nacido en Jujuy, autor de más de una docena de libros, entre ellos, A un costado de los rieles (1960), Sota de bastos, caballo de espadas (1975), El hombre que llegó a un pueblo (1988), La mujer de Strasser (1997) y Extraño y pálido fulgor (1999).
Antes de la presentación, se proyecta un fragmento del documental de Román Lejtman, Biografías, en el que Tizón explica algunas de las ideas cardinales de su itinerario vital y literario, por ejemplo, que la biografía de un escritor son sus libros, el arraigo que tiene a Yala, su ciudad natal, a trece kilómetros de San Salvador de Jujuy; que sus primeras palabras aprendidas fueron una mezcla de quechua y español, a veces antiguo, que le ha hecho continuamente preguntarse en cuál castellano escribir. También el ferrocarril es trascendental en su sensibilidad, está asociado con un sentimiento de nostalgia, de encuentro y reencuentro, y las estaciones de trenes han sido símbolos en su vida. Sus dos profesiones, escritor y juez, las relaciona con naturalidad: ambas trabajan con la conducta humana. Sufrió el exilio en España durante la última dictadura militar argentina, su novela La casa y el viento es la crónica de esos años. Valora con fuerza el rol de la memoria, que a veces se convierte en verdugo del hombre que narra, por eso para él es fundamental encontrar períodos de desmemoria donde poder reencontrarse consigo mismo. Escribir para Tizón es como un pedido de auxilio.

Héctor Tizón. Un ejemplar de frontera es prologado por Nora Dottori, también editora del volumen, que en esta presentación conversa con Silvia Hopenhayn y Ana Da Costa, la autora, también colaboradora del diario La Nación y conductora de Manchas de tinta, programa de la Biblioteca Nacional (Radio Nacional Clásica).
Hopenhayn siente que Da Costa se juega por el personaje que entrevista, que el libro refleja un encuentro de interacción entre ambos, que no se parece a la más frecuente transacción de palabras entre entrevistador y entrevistado. El sonido del texto lo describe como directo, a la manera cinematográfica, porque conserva y retiene los estremecimientos que fueron aflorando en la conversación. Pareciera tener el libro muchos finales, a manera de sucesivas despedidas del entrañable escritor: el epílogo de la periodista, titulado: “Acerca del otoño en estas conversaciones” es uno de ellos, al que le sigue una cronología y agradecimientos. Hay espacio para la deriva (lo improvisado, lo que aparece de pronto), a pesar de lo minucioso del cuestionario.
Da Costa cuenta que Héctor Tizón. Un ejemplar de frontera nació de una lista de preguntas que preparó años atrás para la revista Lea; ahí “el escritor de la puna” la invita a Yala, y dos años después de estas largas pláticas en el norte argentino, arma la recopilación. Para ella, en esa ciudad están sus personajes, se respiran sus novelas.
Él ha dicho que: “La tierra define al hombre y Jujuy está signada como territorio de frontera y el jujeño es el típico fronterizo. […] Esta seguirá siendo la característica más notable de su idiosincrasia: ser y no ser de este país. Saberse dentro de sus fronteras políticas pero caminar un territorio que se acerca y se aleja del destino de esa nación que no acaba de contenerla.”
 “Héctor Tizón es un escritor notable, un narrador de provincia, un autor universal; pero, por sobre todo, es un ser humano entrañable. Su humildad, su sabiduría, son infinitas”, ha escrito Ana Da Costa. Esta fue para ella una experiencia de intenso contacto humano en la percibió los límites entre periodismo y literatura.
A la pregunta de Silvia Hopenhayn de cómo pesquisar el mundo íntimo de Tizón en una entrevista a través de la edición, Nora Dottori reflexiona que en cada una de sus obra de ficción Tizón ha ido dejando parte de su autobiografía, y ahora en este libro-entrevista pareciera armada completamente, con textos intercalados y respuestas conmovedoras. La escritura de Da Costa es muy gráfica --anota la editora--, remite al paisaje que los acogió durante esas semanas; no es invasiva, y respuestas como las de este libro no habían sido antes dadas por el escritor.
Los actores Ingrid Pellicori y Jorge Marrale, leen / reproducen fragmentos del diálogo que protagoniza el volumen, referidos a la vocación literaria de Tizón, sus personajes y temas, junto al ritual del oficio, su identidad como narrador, observándose él mismo en su infancia, trabajando como juez e ironizando algunas de sus obsesiones. Confiesa que debe a sus niñeras el primer acto de perplejidad ante la escritura, que escribe porque no le queda más remedio o para que lo quieran, o ambas cosas inclusive; corregir los textos es para él un ejercicio de humildad que le gusta hacer. Está convencido que el derecho es una vía para dignificar a las personas y defender a los inocentes.
Este libro es la autobiografía que Héctor Tizón no ha escrito todavía, en sus páginas se palpa el silencio, la espera paciente, su geografía. “Que el cielo está abajo”, como le enseñaron sus niñeras.